La marimba ha sido fuente de inspiración para músicos, pero también para grandes poetas, aquí exponemos algunos de los poemas más sobresalientes, dedicados al instrumento nacional de Guatemala… la marimba.
La Marimba
Cimbra marimba tu canto
melodías de cristal
Y tiembla la cordillera
cuando vibra tu madera
de sonoro instrumental.
Marimba, tu arpegio de oro
es un poema canoro
que se quiebra en madrigal
de dulce melancolía
y al tomarse en poesía
se vuelve épico y triunfal
Por eso la raza entera
tanto te quiere y admira
Y el que está lejos suspira
por tus notas de turpial
Porque eres marimba lira,
la pauta donde se inspira
la leyenda del Quetzal.
Marimba,
me han dicho que te labraron
en lejanos astilleros.
Que extrañas manos tallaron
tus teclas en los maderos de
Honduras o Yucatán.
Pero no, eso es mentira
ni eres hija de Lempira
ni gloria de Yucatán
Tu naciste en esta tierra,
tu abolengo es de mengala
maderas de Guatemala
¡Que sembró Tecún Umán!
Autor: Rudy Solares Gálvez
Hormigo
Que humano hubiera podido
desentrañar que llevarías música y canción;
que al fragmentarte el hombre rudo
le dieras a cambio tu leal sonoridad.
Con ella contarnos anécdotas bellas
que escribiste enamorado
cuando tu misma vida te besó.
Cristianizaste al insensato,
al cruel que talvéz te despreció;
fuiste otro herido en su costado
para alcanzar resurrección.
Reencarnas en teclas de marimba
y te incrustas más allá del corazón
donde no puedes salir nunca
porque te vuelves nuevamente trovador.
Hombre eres en tu verde lejanía
para convertirte en fémina razón;
es que en tus fibras el hombre realiza
y diviniza en tu silueta a la mujer.
Es la herencia que nos dejas
después de arrancarte de tu hombría;
la afinidad que la baqueta espera
para conocer tu canto que se esconde en ti.
No tengo con qué agradarte,
sino, solo ofrendarte este corazón
y darte gracias hasta siempre
por llevar la marimba entre tu ser.
Ese ser que también acuna
la esencia del ejecutor que te acaricia,
al perderse también entre sus notas
para luego embellecerte y quererte con honor.
Autor: Rodimiro Gramajo
La marimba
En su forma hay algo de arpa
Y se antoja
Que se quería roja
Acaso tuviera la de un corazón
El bosque sombrío le dio su madera
Y el indio nativo le dio su corazón.
Las marimbas tienen el alma sonora
Del bosque nativo; en sus tubos cantan
Su canción divina
Cuando tras los montes
El sol se levanta.
Las marimbas tienen el alma sonora
Del bosque y la selva; del monte y la aurora
Trozos desiguales de madera oscura
En la que perdura
Algo como un ocre olor a montaña.
Por eso de Chiapas o de Guatemala
Una y otra; pluma, de una misma ala
¡Se oye en las marimbas una voz lejana!
La voz dolorida de la raza indiana.
Marimba que cantas, marimba que lloras
Que guardas arrullos y voces de auroras
Que al cielo robaste dulces melodías
Déjame que siga tu senda sonora
Marimba que tienes la voz de la aurora
Marimba que tienes la voz de mi raza.
Autor: Anónimo
Voz de Hormigo
Preciado árbol que ofrendas tu vida a la Marimba,
voz canora que sublimiza las arboladas montañas,
árbol que muerto canta sobre la agreste campiña,
sutiles arpegios que hacen despertar las mañanas.
Eres indeleble símbolo para el alma dulce Hormigo,
corazón de madera que palpita supremas melodías.
El día que tu calles mi regio orgullo callará contigo
pues sin tu sinfonía… Morirán silentes mis alegrías.
Canta Hormigo canta: Tu voz trasciende fronteras,
alegra los exilios de todo hijo que te llora ausente.
Eres deleite para el alma que en ti disipa quimeras,
Patriótico palpitar en donde siempre estás presente.
Eres voz de bosque que incentiva ancestral orgullo,
Maná cotidiano del que se alimenta nuestro gozo,
Magnifica da savia plasmada en sólido murmullo,
cuándo magistral es manos dan sonido a tu reposo.
No calles Hormigo en ti florecen eternas primaveras,
tus notas son cómo lluvias que fertilizan las praderas,
parnaso sentimental de mi Guatemala y sus memorias,
que en tus maderas que cantan… Plasma sus historias.
Autor: Víctor A. Arana
Quiero Convertirme en Son
Hoy que me encuentro tranquilo,
quiero tomarme un momento para meditar un poco los misterios de la vida.
Quiero dejar estos versos a modo de testamento,
como voluntad postrera, cuando llegue mi partida.
Cuando sobre este mundo mi misión haya cumplido,
cuando al fin sea llamado a dormir con mis abuelos sobre mi sencilla tumba,
planten un árbol, les pido, que se nutra con mi cuerpo, que mi carne sea su suelo.
El árbol que han de plantar no ha de ser uno cualquiera,
debe ser uno especial para que me dé su abrigo que sea uno que encierre la esencia de nuestra tierra, quisiera de corazón que fuese un árbol de Hormigo.
Conforme pasen los días, el milagro se irá obrando:
cambiaré mi sangre y huesos por blanca savia y madera mis moléculas inertes nueva vida irán cobrando, resucitando por pausas en mágica y divina espera.
Cambiando brazos y manos por clorofílicas ramaspenetrando mis raíces en nuestro suelo bendito alimentando mi ser con el sol de las mañanas, y nutrirme con el canto de miles de pajaritos.
Y cuando al fin ya frondoso e imponente me levante, quisiera pedirles algo que parecerá locura: Quiero morir nuevamente en sacrificio fulminante morir por segunda vez con una muerte segura.
Que mi cuerpo mutilado caiga exánime y yermo, y que artesanales manos transformen ya mi apariencia con mucha delicadeza, como quien cuida a un enfermo en una obra sublime, digna de una noble ciencia.
Que mis carnes se dividan en trozos con arte y gala serie infinita de teclas que le canten a mi gente.
Maderas que llevan dentro tu sentir, mi Guatemala, tu color, magia y encanto. Tus riquezas esplendentes.
Y luego así transformado, esperar pacientemente a que artísticas baquetas me despierten de aquel sueño convertir mis sentimientos en mil notas diferentes, salir volando muy alto por tus paisajes de ensueño.
Convertir mi risa y llanto en armonías sonoras, en arpegios melodiosos que reflejen lo que creo.
Y así, mientras voy soñando cuando lleguen esas horas, te presento, Guatemala, mi más ferviente deseo: ¡Quiero convertirme en Son!
Ser ese Son cadente, tan nostálgico y sereno que describa las bellezas de tu gente tan sencilla arrancar lágrimas de gozo, de añoranza o lejanía del hijo ausente que llora y suspira por tu suelo.
Quiero ser el Sonsonete del campesino en el campo, melancolía de siglos del indígena oprimido.
Llanto callado y profundo de tu pueblo tan sufrido, pero que nunca se dobla a pesar de sus quebrantos.
Transformarme en ese Son de tus danzas y rituales esa herencia espiritual de abuelos milenarios danza de guardabarrancas, pitorreales y canarios tradiciones de esplendor de las ceibas y quetzales.
¡Quiero convertirme en Son! Ese Son que muchas veces nos deja en completa calma porque nos recuerda mucho: Tu pasado y tus raíces, ese Son que nos susurra con sus cientos de matices las bellezas de mi patria, mi Guatemala del alma.
Ser ese Son melodioso que el espíritu alimenta Que te transporta y te muestra las bellezas de tu tierra Que con su bendita música, todo el universo encierra Que te arrulla con sus ritmos y mil historias te cuenta.
Quiero ser el Son que hable de bellezas naturales Ser el Son que te dibuje valles, ríos y volcanes selvas, bosques y ciudades, ruinas mayas y nahuales lagos, montes, riachuelos, campos llenos de trigales…
¡Quiero convertirme en Son! Ser el Son de serenata en el día de la Virgen o el que se escucha quedito algún domingo en la tarde Ser el Son de los “casorios” cuando bailan los compadres o el que en el parque se toca y humildes manos dirigen.
Ser tal vez el Son chapín, alma de las zarabandas colarme en algún chonguengue, o meterme en un chinique ser también el Son chispeante, alegría que repique en la feria de mi pueblo o bien en cualquier parranda.
Ese Son que arranca gritos que nacen en lo profundo que nos invita a bailar, pues su ritmo nos hechiza ser el Son que se presenta cuando la fiesta agoniza Ser el Son de Guatemala: ¡El más hermoso del mundo!
Jose Carlos Chiquín, Febrero 6 de 1999.
Marimba Chapinlandia A don Froilán Rodas Santizo
Preclaro propulsor de ejecutar la marimba en forma pura
Sin agregarle instrumentos de viento
Mucho menos electrónicos, impulsó su estilo, su arte y su figura
Marimbista famoso tras fronteras demostró talento
Tecpán Guatemala fue su cuna, tierra de cultura y arte,
Inició sus primeros pasos de inquieto hacedor de melodía
Y en conjunción con otros artistas formó parte
De una de las marimbas más famosas que se escuchan día a día.
Don Floirán se hizo famoso con su marimba en el extranjero
Acompañó a nuestros cantantes con marco musical en su marimba sonora
Estrenando en cada concierto el acervo cultural chapín como mensajero.
Actuó varios años en Radio Nacional, cuyo programa se añora,
Posteriormente viajó alrededor del país llevando su mensaje musical
Para darle gloria a su Tecpán y a todo el territorio nacional
Cuando escucho la marimba
Cuando escucho la marimba,
resuenan ríos en mis entrañas,
murmuran montañas en mi ser
y trinan ruiseñores en mi mente.
Cuando escucho el son de la marimba,
baila mi corazón, hasta el amanecer,
me emborracho de pasiones campiranas,
y se desprenden paisajes de mis sentidos.
Cuando escucho la marimba
escucho leyendas del Quetzal,
historias escondidas de mi pueblo
y canto lastimero de mi gente.
Cuando estoy lejos de mi tierra
y escucho el cimbrar de mi marimba . . .
mi alma se transporta en alas del viento
para fundirme en mis latitudes milenarias.
¡ Oh Marimba rural y silvestre !
teclado de bosque moreno
teñida de sagrada sangre de mis ancestros
savia musical de nuestros abuelos
sinfonía con esencia de hormigo
y canto de pájaros silvestres.
Jaime García Alvarez
Marimba, Olivo de Oro
Robusto cuerpo Olivo protector
mi marimba reproduce tu viento.
Botón de oro, entre señores ¡Señor!
poderosa en tu origen ligustral
divinizada en estrado feudal
icono del sol el explorador
Nuestro teclado percute tu aliento
golpe, pregunta, respuesta es motivo
bailable de ramas es tu alimento
y excusa de gozo para el nativo
el olivo es enorgullecimiento
aceituna y son es ritmo adoptivo
de verde aceite tu nagua esmeralda
ritmo acústico que mueve tu falda
La marimba
Llora la marimba vieja
en noche de luna nueva,
el marimbero mayor se marchó
con el tiempo de los viejos
a tocar marimba nueva
en el auditorio del cielo
Llora la marimba vieja
la rustica marimba de chonta
que en otrora noches de fiestas
al compás endemoniado de las notas
salidas del alma de su marimbero
reía llena de gozo mientras los negros y mulatos
bailábamos hasta el amanecer
Llora la marimba vieja
arrinconada en un cuarto oscuro
añorando el sudor salobre del marimbero
que mitigaba el calor de su alma de madera
en noches de festín y currulaos
sobre las arenas calientes de la playa
¡Ya no llora la marimba !
dicen que se esta muriendo
de melancolía y tristeza
en la soledad de su cuarto
Ya llegaron el guasá, el cununo y el tambor ,
a darle su despedida nocturnal
Dicen que esa noche
el cuarto se ilumino de repente
y de pronto se oyó la voz del difunto marimbero,
un coro de cantadoras de currulaos lo acompañaban
¡repicaba el cununo y el tambor enloquecía !
¡y el frenético sonar de las semillas del guasá
simulaban las gotas de lluvias sobre los techos de zinc.
la marimba reía y lloraba con loco frenesí !
al sentirse acariciada y tocada con lujuria
por su marimbero mayor
mientras los fantasmas bailaban el currulao del adiós .
Dicen que desde esa noche la marimba desapareció
dizque se fue con su marimbero mayor
y desde entonces ,
en noches de luna nueva
se oyen los acordes de un currulao viejo,
las notas agridulces del currulao del adiós,
que solo bailan los fantasmas del pasado.
Son de la madera
Marimba son de la madera baile y danza
Augurio de la selva y la montaña
Ritmos de madera
rito de mi tierra
Indigena que canta baila y danza
Mia es tu esperanza tuya mi alabanza
Bella dama de madera mi voz te canta
Amores de baile y danza
La marimba
Es deleite para el alma escuchar la marimba,
esas bellas notas en nuestro ancestro impresas,
palpitares de regia sangre de maíz en las venas,
que alimentan su canoro corazón de hormigo.
Eres marimba de señorío eterno Maya,
que en tus maderos ofrenda sus cantares,
eres la voz del indio que en tu silencio calla
y en tus arpegios…. Su nobleza entrañada.
¡Marimba instrumento de voces sublimes!,
orgullo y ombligo del guatemalteco puro,
con tu canto en ausencia la pena eximes
y en cada pupila una lágrima hay seguro.
Has trascendido airosa y austera los años,
inmortalizando en ellos tu corazón duro,
nostalgias de conquista, pesares de antaño,
que gritan tus teclas con sentimiento puro.
Son tus notas voces celestiales sin habla,
paisajes que se describen en sutil armonía,
los ojos no lo ven pero si los escucha el alma,
grabando en sus adentros tu dulce melodía.
Ahora Marimba eres libre y soberana,
herencia dilecta del gran Tecun Uman,
te atuendas con la albura y ese azul grana,
que ofrendan los cielos al Pabellón Nacional.
Eres Marimba primogénita hija de Guatemala,
símbolo excelso de paz y libertad cómo Quetzal,
orgullo de eterna Primavera y del Paraíso antesala,
cuyas notas nos prodigan paz de la gloria terrenal.
Autor: Víctor A. Arana
Danza de raíces y tribus maiceras.
La hieren de sangre picos de aves verdes
que le abren el pecho.
La hieren de leche saetas de plumas.
Flechas picaflores de punta de espina
la hieren de sueño. ¡Es sangre,
y es leche, y es sueño!…
Sangre de madera,
elástica leche de palo de hule
y sueño de cera pegado a las teclas
que cambia de carne al sonido,
que muda de hueso al sonido,
la carne africana
y el hueso de indio
se mezclan en lluvia sonora de varas y lanzas
de piedras de punta afilada,
garras de jaguares que destilan uñas,
peines de colmillos de lagartos sordos,
y belfos de pumas que destilan dientes.
Música entre dientes y miedo dormido.
La tocan varones de piedra de rayo vestidos de blanco.
Desde el sol alargan sus brazos de fuego.
Prolongan sus dedos varillas tostadas que al golpear sus yemas
de cabello de hule, en la faz sonora del teclado apenas sostenido
en hilos
de cuatro colores, van tiñendo el aire de verde, de rojo, azul y
amarillo…
Temblor coloreado de atmósfera y tierra
en que danzan montes, ceibas, caseríos
y quedan las huellas de pies, en los cactos,
huellas de las tunas en el baile verde,
huellas vegetales del gran cataclismo
que dejó las cosas vestidas de espejo,
como se vistieron cuando se creó el mundo,
como se vistieron cuando se creó el son…
¡Sonido de lluvia del telar del cielo!
¡Sonido de lluvia del panal del mundo!
¡Sonido de lluvia del sudor del hombre!
¡Sonido de lluvia de pelo de tigre!
¡Sonido de lluvia de pelo de pluma!
¡Sonido de lluvia de pelo de elote!
¡Sonido de lluvia de pelo de pino!
¡Sonido de lluvia de pelo de danta!
El son de las piedras debajo del agua,
el son del venado debajo del viento,
el son que se baila con pies parpadeantes,
carne en flor de jade, la mujer,
y el hombre,
erizo de chicha,
bajo su sombrero,
sobre sus dos pies.
¡La Juana conmigo!
Caen los refajos. Huyen las mujeres.
Pies, tetas y críos. Plomazos. Caballos.
Asamblea de corvos teñidos de sangre.
Parihuela de hojas teñidas de sangre.
Tierra de por medio teñida de sangre.
Escala de teclas que sirve de puente teñido de sangre.
¿Quién te hizo las teclas con brazos de cruces teñidos de sangre?
¡Torre a mecapal!
¡Algarabia de cotorritas!
¡Almáciga verde de loros que vuelan!
¡Grito de madera que se bate en jícaras como el chocolate!
¡Tejado de ocote sobre las casas de la luna!
¡Carpintero en la carpintería de la selva!
¡Manantial de trinos de guardabarranca!
¡Cenzontle borracho de aguardiente blanco!
¡Marimba tocada por indios!
A mi marimba
Al ritmo del copal
tartamudean mis oidos
y rezonga la tonada fluvial
con esencia de hormigo.
La marimba suena
con su ombligo de tecomate
pariendo nota a nota
ese son que conmueve lo autóctono
y sacude mis cahites,
el aserrín,
el pino y el olor a chicha.
Es el pitón de madera virgen
que desliza con su tonada de guachipilín
agazapándose por los bailes,
por ceremonias de enlaces,
por los aullidos de la tierra fértil,
por las pacayas y los jocótes.
Y deja un sabor a patria
por las anatomías ausentes
de mis volcánicas raíces Cakchiqueles.
Y así…
sonando
por cada premisa,
por cada indio mi paisano
así alude en ecos de madera
nuestro legado:
!porque la patria lo exige!
y mi marimba sólamente toca
con su timbre de adrenalina…
esas notas melancólicas que reposan
en nuestro suelo primaveral salpicado de rebozos,
delantales y refajos.
Y un imperio Maya que aún subsiste.
así suena mi sangre
así suena el canto de mi patria
así suena la luna,
“así suena la luna de Xelajú”
-así suena el universo-
Autor anónimo
A la marimba
Las teclas morenas,
nos narran sus penas;
sus tristes y negros días,
y sus leyendas sombrías.
Pero también la marimba
con su canto diáfano nos nimba,
y con júbilo nos ensalma
el corazón, el espíritu, el alma.
Es una ixtía de bella figura,
que prodiga su canto de natura;
cuando los marimbistas, los maestros,
charlan con nuestros ancestros.
Es una ixtía, un manantial sonoro,
un bosque espeso y de oro,
que garrotea los tiempos funestos,
cuando intima con los marimbistas diestros.
Es la voz de Guatemaya,
es la embajadora de la cultura maya.
Autor: Elder Exvedi Morales Mérida 14/09/1994
Marimba
Marimba de mis abuelos
ven y préstame tu son
mil rumores de mi selva
de fantasía y color.
Marimba que enciendes venas
y alegras el corazón
quédate marimba amiga
con tu canto y tu sabor;
quédate viajera eterna
cununo, guazá y tambor.
Lady Ballesteros de Sosa
Esmeraldas – Ecuador
La Marimba
Lentamente, lentamente, cual si fuera
una gota que cayera
desde el mármol de la taza de una fuente,
tal preludia la marimba, una extraña sinfonía
saturada de amargura y de cruel melancolía,
con sus teclas de madera.
Yo no sé qué oscuro arcano
de tristeza hay en lo hondo de esta música
salvaje que palpita allá en el fondo
de sus notas, como queja dolorosa,
como un gemido humano, como algo que solloza,
como un dolor latente, como algo inexplicable
e infinitamente triste.
Es el alma de una raza, de una raza que no existe.
De una raza ya extinguida, libre, indómita y valiente.
Es el alma de Votán; es el alma de Lempira,
que en la música suspira;
es el alma de los indios que mandó Tecún Umán,
siempre, siempre a la victoria,
siempre al triunfo y a la gloria;
es el alma brava y fuerte
de aquel fiero luchador
que encontró gloriosa muerte
en la punta de la lanza del feroz conquistador.
Es la pobre raza extinta del imperio Cakchiquel,
es la raza de aquel pueblo que dejó con sangre, tinta
la antes clara linfa pura del gran río Xequijel.
Es el alma de la raza de los grandes sacrificios,
triunfadora en mil combates
hasta el día en que los teules (españoles que llegaban a América, en la época colonial)
con engaños y artificios
redujéronla a ignominia
e infamante vasallaje.
¡Esa raza es la que llora y solloza de coraje,
de despecho y de impotencia en la música salvaje,
en la nota plañidera
del indígena instrumento de teclado de madera!
Escuchad la sinfonía
de cruel melancolía,
escuchad qué sentimiento
el que vibra entre las notas del indígena instrumento.
Nunca ríe, nunca canta;
Es cual pájaro cautivo que jamás trinó alegrías,
ni jamás de su garganta
ha brotado más que el lloro de sus tristes melodías
en las frías soledades de sus cárceles de oro…
¿Qué importa a la vencida
raza muerta, vuestros dones, vuestra lengua
que no entiende…? ¿Qué le importa si es su vida
sólo oprobio, cautiverio, sólo mengua…?
Si en el nombre del Dios bueno, del Dios hombre
arrasásteis sus altares: si para ella es mudo el cielo.
Ya no es de ella el rico suelo
que regaron sus mayores con su sangre generosa.
¿Qué le importa al indio eso
que llamáis pomposamente libertades y progreso,
si es del amo su cabaña, si del amo
son sus hijas y su esposa…?
¡¿Qué le importa… Si de aquella raza libre,
brava y fuerte,
habéis hecho las acémilas de carga
que se arrastran tristes, mudas,
bajo el peso de amarga,
dura suerte?!
¡Oh, dejadla que solloce, que se queje a su manera!
Solamente le ha quedado su marimba de madera
que le habla de sus tiempos victoriosos,
de sus templos y palacios, de Iximché y de Copán,
de su rey Kikab el Grande, de su gran Valún Votán,
de sus héroes de hierro, de sus épicos colosos,
libres, fuertes, bajo el sol,
que infundieron la pavura,
por su arrojo y su bravura,
en el ánimo aguerrido del intrépido español.
